martes, 21 de junio de 2016

Las Trece Rosas

¿Merece la pena recordar? Sí, porque sin recuerdos, no existe memoria y sin memoria no existe la historia y sin historia una nación no existe.

Cuando en Madrid las tropas franquistas, el día 18 de mayo de 1939 se concentraron en la capital de España para conmemorar y celebrar el desfile del primer aniversario del Día de la Victoria, un grupo de jóvenes militantes de las JSU y del Partido Comunista organizaron, no el asesinato de Franco como les achacaron, sino unas pintadas en ciertas calles, con el lema “Menos Vivas a Franco y más pan blanco”. La policía franquista detuvo a varios militantes, no les fue difícil, disponían de los archivos de los militantes del partido comunista y de las juventudes unificadas socialistas, ya que no fueron destruidos cuando el golpe militar del comandante Casado. El jefe de un grupo de la Policía Social, el comisario Roberto Conesa, antiguo miembro de las JSU, les acusó de organizar el asesinato de Franco. Fue una gran redada, detuvieron a 67 militantes, incluso militantes de JSU, detenidos con anterioridad fueron relacionados con este asunto.

Las mujeres detenidas en esta operación creyeron que habían convencido al comisario Conesa de que pertenecían a una organización constituida para ayuda de presos. Pero, tras el asesinato del comandante de la guardia civil, Isaac Gabaldón, su hija y el soldado que conducía el automóvil, -fueron ametrallados en Talavera de la Reina- arrestaron a 67 militantes de las JSU, del Partido Comunista y simpatizantes. Entre los detenidos se encontraban las mujeres; Ana López Gallego, Victoria Múñoz, Martina Barroso, Virtudes González, Luisa Rodríguez, Elena Gil, Dionisia Manzanero, Joaquina López, Carmen Barrero, Pilar Bueno, Blanca Brisac, Adelina García y Julia Conesa. Nueve de ellas menores de edad. Trabajaban como modistas, sastras, amas de casa. Una de ellas, Blanca Brisac, era pianista y no pertenecía a ninguna asociación, ni partido político. Fue detenida junto a su marido, afiliado al Partido Comunista, por dar cobijo a un compañero. Fue una gran redada. Las trece mujeres ingresaron en la cárcel de Las Ventas.

El 1 de agosto llegó la orden de elegir a 15 mujeres, preferentemente menores de edad, para que fueron llevadas a juicio ante el Tribunal de las Salesas. El consejo militar duró dos días, siendo condenadas en la causa sumarísima núm. 30426/39 a la pena capital, acusadas de un delito de adhesión a la rebelión. El 4 de agosto se produjo en la cárcel una redacción febril de instancias solicitando el indulto. Se las dieron al capellán para que las cursara, pero la directora de la prisión, Carmen Castro, le exigió su entrega y quedaron olvidadas en un cajón. Jamás las cursó.

Hay que tener en cuenta que en la prisión de Las Ventas en esa época había más de 4.000 reclusas. ¿Cómo eligieron a las trece? Según dijeron, una señora en prueba de agradecimiento a un policía que había intercedido por su hija le regaló un ramo de flores con trece rosas rojas. Al recibir la orden para ejecutar a trece mujeres jóvenes, el policía Palito, ese era su nombre, fue sacando una por una las rosas, poniéndolas un nombre. Así se eligieron.

Las reclusas en Las Ventas se encontraban diseminadas por toda la prisión, en el departamento de menores, en los pasillos, en los sótanos, en los lavabos y en las galerías. La noche del 5 de agosto dormirían tranquilas, las sacas se producían después del último recuento y antes de las 11 de la noche. “Creo que esta noche me puedo acostar”, dijo Flora después de consultar su reloj. Apenas echada sobre el mugriento petate, se abrió la puerta y a la escasa luz de una linterna, se vislumbró en el umbral la silueta de una funcionaria envuelta en la capa azul marino. Una a una fueron reconocidas y, a pesar de ser menores de edad, ya ni eso valía. No existía el derecho de defensa.

Cuando la funcionaria se detenía delante era señal de que te iban a sacar esa noche. Las demás presas se abrazaban una y otra vez. Que horrible mezcla de gritos, lloros, blasfemias. Al final el silencio.

Se despidieron de sus compañeras y vigiladas estrechamente por varios guardias civiles, montaron en camiones y las llevaron hasta las tapias del cementerio de La Almudena, donde fueron vilmente asesinadas.

En el trayecto hacia la muerte pudieron leer un pasquín que decía” Españoles alerta. España en pie de guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos. España con el favor de Dios sigue en marcha, Una, Grande y Libre hacia su irrenunciable destino”.

Su sepultura está en el cementerio del Este. Quien lo visite podrá leer una sencilla lápida que dice: “Las jóvenes llamadas Las Trece Rosas. Dieron su vida por la libertad y la democracia el 5 de agosto de 1939”.

Se cumplía la máxima de Franco. “Juro aplastar y hundir al que se interponga en nuestro camino”.

 

FOTO: Los ojos de Hipatía



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