lunes, 2 de mayo de 2016

“No había hecho nada. Solo era de izquierdas y sabía leer y escribir”

“Después de 80 años ellos siguen estando enterrados en las cunetas, en los pozos, en los caminos, en los cementerios públicos y ningún Gobierno se ha comprometido a sacarlo de las cunetas”. Paqui Maqueda, presidenta de la Asociación Nuestra Memoria, retrata el valor del compromiso de los familiares en la búsqueda de los restos de sus seres queridos, cuando se cumple 80 aniversario del golpe del 18 de julio que desencadenó la Guerra Civil. La exposición ‘El ADN de la Memoria. Fosas del franquismo: semillas de memoria’ muestra esa lucha invisible de bisnietos, nietos y –ya cada vez menos– hijos, a través de una treintena de fotografías que muestran a las distintas generaciones clamando por el derecho a una exhumación digna.

La muestra está compuesta de fotografías de personas desaparecidas tras el golpe de estado del 36, cuyos cuerpos están en fosas comunes, y de los familiares que hoy forman parte del movimiento de la memoria histórica en Andalucía. Hasta el próximo 12 de mayo la exposición podrá visitarse en el Monasterio de San Jerónimo (Centro Cívico José Luis Pereira), y luego viajará de modo itinerante por otros espacios a lo largo de 2016.

Maqueda relata que “el objetivo de este proyecto es visibilizar la lucha contra el olvido y el constante trabajo que desde las asociaciones memorialistas venimos realizando. Muchos nos llaman para decirnos ¿dónde estáis? ¿Me puedo unir? A mi padre lo fusilaron en tal sitio”.

UNA HISTORIA DETRÁS DE CADA INSTANTÁNEA

María y Valle Alcaide con la imagen de su madre Pastora Martín.

María y Valle Alcaide con la imagen de su madre Pastora Martín.

Detrás de cada una de las 34 instantáneas, en la que han colaborado fotógrafos profesionales de la talla de Laura León, Miguel Ángel Morenatti o Luis Serrano, se halla una historia desconocida para el gran público pero que representa al grueso de víctimas represaliadas durante la Guerra Civil y la represión franquista en Andalucía, donde hubo más de 15.000 asesinados.

Antonia Parra es una de las protagonistas de este ADN y no es la única. Con 79 años, recuerda que tenía solo dos meses cuando fusilaron a su padre el 4 septiembre de 1936. “Yo me he concienciado ya de mayor que a mi padre lo fusilaron y los tres hermanos que éramos no lo hemos olvidado nunca”. El padre de Antonia trabajaba como jornalero en el cortijo de la Goronela de Machena. “Cuando estalló la guerra, cerraron el cortijo y los echaron a todos”. A pesar de que estuvieron escondidos unos días, el padre de Antonio decidió salir. “No había hecho nada. Solo era de izquierdas y sabía leer y escribir”. A los pocos días una pareja de guardias civiles los llamó para hacerles unas preguntas y la madre de Antonio no volvería a verlo nunca más.

La foto de las hermanas Alcaide es una de las más entrañables de la muestra. Tal y como muestra la imagen, María y Valle Alcaide, han vivido la mayor parte de su vida en Arahal (Sevilla), y aún siguen esperando saber el sitio exacto donde está enterrada, con el único retrato que les queda de su madre Pastora Martín, fusilada el 9 de agosto de 1936 en el pueblo de Paradas.“Recuerdo cómo mi madre nos llevó al campo cuando empezaron a caer bombas para que estuviéramos a salvo”, recuerda María. “Ella le contó a la Guardia Civil que no sabía dónde estaban sus hijos y que si lo supiera tampoco se los diría”. Con 47 años, Pastora nunca volvería a ver a ninguno de ellos, tras ser asesinada por encubrir a los dos hijos que habían marchado al frente como milicianos.

Francisco Rodríguez tiene fusilado en Carmona a su abuelo, Francisco de Paula Nodal Avila. “Él era concejal del Ayuntamiento y cuando entran las fuerzas en el pueblo empezaron a fusilar a todos lo que eran de izquierdas”. Temiendo que le pasara lo mismo, su abuela llevó a la cárcel a Francisco, con tan solo diez años, para poder ver a su abuelo por última vez. “Lo vi agarrado a los hierros de la cárcel y lo miraba sin parar. Solo me decía ‘qué moreno estás’. Yo venía de la playa”. Al día siguiente, lo despertaron los gritos de su abuela, gritando “Paulo”. El abuelo de Francisco fue fusilado el 1 de septiembre de 1936. Francisco no tiene foto de su abuelo, asesinado con 61 años.

Cada una de las fotografías de la muestra se encuentran acompañada de un vídeo explicativo que conitne las durísimas historias familiares. Maqueda recuerda “la necesidad de nuestra muestra y de estas fotos” para que ninguno caiga en el olvido. “Todas estas búsquedas te hacen entender el duro proceso del dolor, las heridas que no se terminan de cerrar. Los familiares hemos salido de la mesa de camilla y del retrato de la foto de nuestro familiar”, apunta. “Hemos sabido salir de ese dolor y estamos en la calle luchando”.



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